Con su máscara de ser generoso prometió convertirse en mi ángel. Y yo le creí. Con su careta de hombre cariñoso aseguró que me haría feliz. Y yo me ilusioné. En el viaje que nos llevaría al firmamento el antifaz se desprendió de su rostro. Y yo comencé a sufrir. Con su semblante de auténtico monstruo sus palizas me hicieron morir. Y yo, desde el cielo al que me has impulsado, pido justicia para ti mujer. Ella no creía en la igualdad porque nunca pensó que fuera necesario hacerlo. Ella no se sentía ni diferente ni inferior a los hombres, así que la igualdad era un hecho. Una realidad tangible. Ella no era feminista. No creía que fuera necesario etiquetarse como tal. Ella no quería acabar con la cabeza metida en el horno por perseguir fantasmas que ya no existían. Ella lo entendió todo cuando ya era demasiado tarde. Entendió que igualdad habría sido tener que luchar lo mismo que un hombre para llegar al mismo lugar. Habría sido no tener que renunciar a su femineidad p...
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